Por Carolina Benavides, Abogada

La agenda penitenciaria del nuevo Ministerio de Seguridad Pública ha puesto énfasis en el aumento de las penas y en la restricción de beneficios intrapenitenciarios. Ello parece ser una respuesta política lógica ante una ciudadanía que exige señales rápidas y firmes de la autoridad ante una crisis de seguridad creciente. Sin embargo, desde una perspectiva de Estado, se trata de una solución jurídicamente incompleta y riesgosa.

La experiencia comparada demuestra que el aumento de las penas, por sí solo, no garantiza mayores niveles de seguridad. Cuando la política criminal se reduce exclusivamente a prolongar el tiempo de encierro, la cárcel deja de ser una herramienta eficaz de control y reinserción para convertirse en un mero depósito de personas. Es precisamente en ese vacío de control estatal donde el crimen organizado no solo sobrevive, sino que prospera, transformando nuestros recintos penitenciarios en espacios de reclutamiento, coordinación y fortalecimiento de organizaciones criminales, financiados con recursos públicos.

El foco de la autoridad no debe consistir únicamente en mantener a más personas privadas de libertad durante más tiempo, sino en asegurar que la prisión interrumpa efectivamente las trayectorias delictivas y no contribuya a profundizarlas.

Por ello, la reinserción no debiera entenderse como una política opuesta a la seguridad pública. Al contrario, cada persona que logra desvincularse de estructuras criminales representa una disminución real del poder de esas organizaciones. El desafío del Ministro no es solo construir muros más altos, sino garantizar que detrás de ellos, el Estado ejerza su autoridad para desarticular la base social del crimen organizado, en lugar de reducir la política penitenciaria a una mera lógica de castigo.

Lo que Chile necesita hoy no es más populismo penal, sino una estrategia de seguridad penitenciaria integral que entienda que la reinserción efectiva es, probablemente, la medida de prevención del delito más eficiente y menos costosa de la que disponemos.